Madrid, 1 de febrero de 2007.
Comienzo este artículo recordando una anécdota. Me encontraba en el Congreso Regional de
Voluntariado que la Junta de Andalucía llevó a cabo en el año 2005. Una de las ONG participantes
organizó una actividad que consistía en que los asistentes al congreso tenían que escoger una
palabra de las seis previamente propuestas por ellos, con las que más identificaran el término
voluntariado. Al finalizar el Congreso, se haría pública la palabra ganadora.
Entre ellas, estaban compromiso, solidaridad, etc. Mi sorpresa fue que no se encontraba la
palabra que para mí define el voluntariado: justicia.
Este hecho, que no deja de ser una simple anécdota, supone una reflexión mucho más profunda, y
para mí es que, como en casi todas las circunstancias de la vida, en el movimiento voluntario se
dan
dos niveles: el teórico y el vivencial.
Desde el punto de vista teórico, existen leyes sobre voluntariado (nacional y autonómicas),
definiciones y clasificaciones sobre tipos de voluntariado, libros, artículos y hasta una
Plataforma del voluntariado cuyos fines son entre otros la promoción del voluntariado entre la
sociedad.
Desde el punto de vista vivencial, existe nada más y nada menos que la experiencia personal.
Estamos asistiendo a un debate sobre la reformulación del término voluntariado, existen muchas
voces en contra de las leyes que “encorsetan” al voluntariado, se están utilizando nuevos vocablos
como participación y se están definiendo nuevas formas de voluntariado acordes con los tiempos
actuales.
Y aunque pienso que todos los debates, desde un punto de vista constructivo, son positivos para
avanzar y mejorar deficiencias, seguimos en el plano teórico.
Y lo siento,
voluntariado=justicia está antes de cualquier ley, antes de cualquier definición,
en definitiva antes de cualquier teoría.
Probablemente sea utópico o ingenuo, pero para mí y para otros/as muchos/as, ser voluntario/a
supone estar alerta ante una situación injusta, sentirse interpelado a la acción de forma
comprometida y desde luego liberar nuestro tiempo para los demás, porque tiempo libre nadie
tenemos.
Termino recordando que del 23 al 25 de marzo, el movimiento asociativo Feaps celebrará su
1º Congreso sobre voluntariado. Tengo muchas esperanzas puestas en él y confío en
que sobre todo sea un encuentro para mover conciencias y compartir experiencias. Si conseguimos
transmitir entre todos lo que realmente supone ser voluntario/a hoy dentro de nuestras entidades,
entenderemos que el voluntariado transforma la realidad porque transforma nuestra vida.